En la reunión de concejo se repartían contratas comunales. La principal era la de porquero o vecero, debido a la gran cantidad económica que acarreaba para el licitante. Se pujaba por ella y el que se la quedaba se encargaría de cuidar diariamente los gorrinos de todo el pueblo.
Para llevar a cabo su cometido, tocaban un cuerno de vaca hueco y de este modo avisaban a las mujeres (que eran las encargadas de cuidar los animales) de la recogida. Por la tarde los cerdos volvían a sus pocilgas.
< Anterior / Siguiente >