El duro oficio de carbonero, conocido tradicionalmente también como fabriquero, se orientaba a la elaboración de carbón vegetal a partir de leñas de roble. Esta actividad se desarrolló en la Sierra de Guadarrama hasta mediados del siglo XX y quizás, de todos los usos tradicionales en los montes de la Sierra, éste fue el más intensivo, produciendo una sobreexplotación de numerosas masas de roble.
Tras las cortas de madera, ésta se apilaba en horneras que tenían que estar vigiladas día y noche para controlar la combustión. Los carboneros dormían entonces en chozas próximas a la hornera, pasando las noches de viento fuerte en vela controlando que la quema no fuera excesiva.
El carbón vegetal, una vez envasado en sacos, se transportaba en carros a los pueblos o a Segovia o a Madrid, en donde se utilizaba como combustible de estufas, braseros o industrias.
Los carboneros solían ser gentes muy humildes que incluso tenían que simultanear su profesión en el monte con faenas agrícolas.
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