La aparición de los primeros pastores en la Sierra de Guadarrama se puede remontar al siglo VIII con la caída de la monarquía Visigoda. Las tropas musulmanas reclutadas en el norte de África, se asentaron en las montañas del interior de la península desarrollando en tiempos de paz la actividad que les ocupaba en sus lugares de origen: el pastoreo.
Fueron los benimerines los que introdujeron en España la raza de oveja merina a finales del siglo XIII, aportando lo que sería la principal fuente de riqueza en terrenos castellanos hasta el siglo XIX. Tradicionalmente, año tras año los rebaños de merinas subían a la Sierra desde Extremadura para pasar el verano.
Otro tipo de pastoreo era el del ganado bovino. El vaquerizo subía con las vacas a las partes altas de la sierra, donde permanecían en los montes del común hasta las primeras nevadas. Cada noche debía agruparlas y recogerlas en grandes cercados (las vacadas reunían hasta un centenar de ejemplares) al resguardo de los lobos, que abundaron en la sierra de Guadarrama hasta bien entrado el siglo XX.
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