La explotación maderera fue durante siglos la principal fuente de riqueza en la Sierra de Guadarrama. Muy cotizadas eran, y son, las maderas de los pinares de El Espinar, Cercedilla, Navafría, El Paular y especialmente, los de Valsaín, cuya madera ha sido tradicionalmente la más apreciada.
Los hacheros de la Sierra de Guadarrama trabajaban con hachas de hasta 5 kg de peso, con las que tras la tala marcaban el árbol grabándolo con un símbolo particular que se transmitía por generaciones. Tras la tala se desmochaba el árbol eliminando ramas y corteza, sacando después el tronco con bueyes hacia los aserraderos de El Paular, Valsaín o El Espinar.
La profesión de los hacheros hacía que en las épocas de corta se tuviera que vivir en el monte, bajando a los pueblos únicamente los domingos.
Los gabarreros eran leñadores dedicados a extraer las leñas procedentes de las cortas de pinos para su utilización como combustible en cocinas y estufas. Mantenían el pinar limpio de biomasa y abastecían a particulares e industrias de este tipo de combustible. El nombre de la profesión lo dio el tipo de hacha con la que trabajaban: era un hacha de dos bocas que se llamaba gabarrera. La leña la transportaban con caballos capaces de moverse por el monte con hasta trescientos kilogramos de carga.
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