Pertenece a la familia de la cupresáceas. Es un arbusto siempre verde y de crecimiento lento, con gran densidad de sus ramificaciones. Su pequeño porte y aspecto almohadillado, al igual que el piorno con el que comparte hábitat, le proporciona una gran resistencia al viento y a la acumulación de nieve.
Su corteza pasa con los años de una coloración pardo rojizo a pardo grisáceo y de una textura lisa a rugosa. Presenta hojas pequeñas y punzantes de 10 a 15 mm de longitud, curvadas hacia arriba, con una característica banda blanquecina que se extiende a lo largo de la hoja en su parte central. El fruto es una baya esférica de color azul negruzco al madurar. Es muy resistente al clima de la alta montaña, donde puede alcanzar cotas muy altas, generalmente por encima de los 1.800 m.
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