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Los
tentáculos de la ciudad
La ciudad necesita un aporte continuo de
energía y materia, que deben traerse fuera. Al mismo
tiempo, produce calor, ruido contaminación y, en general,
residuos de todo tipo de los que debe deshacerse, enviándolos
normalmente al exterior. Todo ello implica que su influencia
se extiende mucho más allá de sus propios límites:
amplias áreas del Planeta producen energía, alimentos
u otros bienes destinados únicamente el consumo urbano;
o reciben los desechos en ella generados. En definitiva, todo
lo que sucede en las ciudades implica también, de una
u otra forma, el resto del Planeta. Hoy en día, el uso
generalizado del vehículo privado permite a los ciudadanos
vivir a grandes distancias de su puesto de trabajo o de las áreas
comerciales.
La cúpula de aire contaminado que rodea la ciudad hace las
veces de invernader. Además los altos edificios dificultan
la circulación del aire y los materiales como el asfalto y
el cemento absoben y reflejan gran cantidad de calor. Todo
ello convierte a la ciudad en una "isla de calor", con temperaturas
entre 5 y 9º superiores a las de su entorno.
La clásica ciudad compacta, donde todo quedaba
más o menos al alcance de la mano ha dado paso a una suerte de "ciudad
difusa" ,
que ocupa una gran extensión de terreno, con áreas residenciales, legares
de trabajo y zonas de ocio y servicios separadas, aunque conectadas entre
sí por
una inmensa red de carreteras y autopistas. Por ello, las zonas urbanas
ocupan cada vez una mayor extensión de terreno. Tal vez hasta que gran
parte del Planeta quede cubierta de cemento y asfalto.
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