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| La ciudad consume grandes cantidades de agua, tanto para cubrir las necesidades domésticas y fisiológicas de sus habitantes, como para otros fines, como por ejemplo el riego de jardines, la limpieza de calles o el mantenimiento de la actividad industrial y de los equipamientos de ocio. Toda esa agua debe hacerse llegar a la ciudad mediante complejas infraestructuras y, una vez utilizada, ha de volver a la naturaleza en las mejores condiciones posibles. |
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Un recurso limitado
A pesar de que el agua cubre la mayor parte de la superficie
de nuestro planeta, sólo un pequeño porcentaje del total puede considerarse agua dulce Y de ésta,
casi toda es inaccesible por encontrarse en forma de hielo en glaciares y casquetes
polares. Por tanto, el volumen de agua dulce que circula libremente por el Planeta,
al alcance de todos, es muy pequeño. A pesar de vivir en un planeta que, llamándose
Tierra, bien podría llamarse Planeta Agua, la disponibilidad de ese elemento
para nuestro consumo es limitada. De ahí la importancia de hacer un buen uso
de ella, pues aun siendo un recurso renovable se presenta en cantidades
limitadas.
Un recurso renovable
El calor de Sol produce la evaporación de agua de la superficie de mares
y océanos
El vapor de agua así generado, libre de sales, pasa a circular por la atmósfera.
Cuando se condensa e mayor peso del agua líquida hace que se precipite sobre
la superficie terrestre en forma de lluvia, nieve o granizo según el grado
de condensación. Una vez en tierra, puede circular libremente por la superficie,
dando lugar a ríos y arroyos, o puede infiltrarse y constituir acuíferos subterráneos.
Finalmente, esos cursos de agua desembocan en el mar, completándose así el ciclo
del agua .
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Las zonas arboladas captan
hasta un 30% más de agua que las áreas deforestadas.
Un importante volumen de esta agua retenida discurre ordenadamente
se infiltra en el subsuelo y recarga los acuíferos subterráneos.
Cuando el bosque desaparece, el agua procedente de la lluvia circula
libremente, erosionando el suelo y arrastrando materiales que producen
aterramiento en los embalses. |
La ciudad, cada vez más sedienta
Cuando, a mediados del siglo XIX, se empezó a asegurar el suministro de agua corriente a oblación y, con la introducción del inodoro, se obtuvo un sistema limpio para eliminar las aguas fecales, las condiciones de salubridad en las ciudades mejoraron mucho. Hoy en día el consumo medio doméstico de cada ciudadano es de 175 litros de agua diarios, sobre todo en cocina y el baño. Grifos duchas, inodoros, lavadoras, lavavajillas. son elementos que han mejorado la calidad de vida a cambio de un gran gasto de agua. Además, la ciudad necesita agua para usos colectivos, como limpieza de calles y riego de zonas verdes, que disparan aún más
el consumo.
El milagro de los grifos y las aguas
Estamos tan habituados a abrir un grifo y que salga agua o pulsar un botón
para que se descargue la cisterna del inodoro y arrastre los desechos, que
no apreciamos el pequeño milagro que ello supone. Y es que esa agua debe venir
de algún sitio bien sea de cursos de agua superficiales o subterráneos; y
debe recorrer un largo camino hasta nuestro hogar. Desde los lugares de captación
una intrínseca maraña de instalaciones y conducciones hace posible que el
agua llegue hasta nuestros grifos y que el milagro siga produciéndose. Proveer
de agua una gran ciudad como Madrid no es sencillo Para lograrlo se creó n
1851 el Canal de Isabel II, sistema de abastecimiento que entró en funcionamiento
en 1858. A menudo, el agua captada para abastecimiento urbano no es potable.
La contaminación
de las aguas obliga a someterlas a un tratamiento previo. De ello se encargan
las plantas potabilizadoras que consiguen hacerlas aptas para el consumo
humano.
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Demanda de agua para diferentes
usos en la Comunidad de Madrid. El consumo urbano y el derivado de
las actividades industriales, que proveen de bienes a las ciudad,
suponen cerca del 70% del consumo total: estamos ante una comunidad
muy urbanizada. |
Las aguas residuales: un grave problema medioambiental
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Cada vez que abrimos
un grifo o descargamos la cisterna del inodoro, vemos cómo el
agua se va por el desagüe. Tras descender por toda una serie de
tuberías, desemboca en una serie de conducciones subterráneas
de la red de alcantarillado, que las conduce a las instalaciones de
depuración para, una vez tratadas, verterlas en diferentes masas
de aguas: ríos, embalses o mares.
Así se consigue reincorporar el agua en su ciclo natural
sin ocasionar daños en el medioambiente. En la Comunidad de
Madrid se depuran más del 97% de las aguas residuales domésticas,
estando previstos en los próximos años depurarlas al
100%. |
Las 7 depuradoras
de la capital pueden tratar hasta 530 Hm3 de agua en un año. Otras 68, dependientes
del Canal de Isabel II se reparten por la Comunidad y tratan más de 185
Hm3 al año.
Recomendaciones
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| 1. Durante el afeitado. el cepillado de dientes o el enjabonado no
es necesario mantener el grifo abierto. |
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| 2. Existen dispositivos de ahorro como los instalados en los grifos
o los sistemas de reducción de descarga de inodoros, que permiten reducir
considerablemente el consumo de agua. |
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| 3. El uso de programas cortos en lavadoras y lavavavillas nos permitirá
ahorrar agua. |
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| 4. Si llenamos la pila del fregadero en lugar de lavar los platos
con el grifo abierto, gastaremos menos agua . |
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| 5. Los restos de comida deben ir al cubo de basura, no al fregadero. |
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| 6. Para evitar la pérdida de agua, es conveniente mantener grifos
y cañerías en buenas condiciones |
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| 7. Para descongelar alimentos, es preferible
dejarlos un rato en la nevera antes de hacerlo bajo un chorro de agua |
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| 8. No se debe utilizar la manguera en lugar
de la escoba y el recogedor a la hora de limpiar superficies descubiertas |
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| 9. Para el jardín seleccionaremos plantas
autóctonas y sistemas de riego eficientes, regando por la noche o alas
horas más frescas del día. |
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